
<< Imitación libre a su elegía. La quinta.>>
Ángel ,
si acaso hubiere una plaza que ignoro
y allí
sobre el pasto recién cortado
exhibiesen los amantes lo que aquí nadie osa pensar:
sus temerarias posturas,
sus colchones empapados
o sábanas remojadas eternamente suspendidas
sobre la frente de los árboles
y temblando los tímpanos
por el corazón más grande que ellos
y lo hicieren delante del público
¿Arrojaría este
su último billete sobre el sombrero volcado
como en la fuente de los deseos,
perplejo
ante aquellos dos humedecidos
que ríen mirándose a los ojos?
¿o serían invisibles,
para buscar la cerradura y por allí
atisbar risueños
todo el sexo oral en la ranura?

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